Abro los ojos y me cuesta enfocar, veo borroso. La boca esta seca y me sabe amarga. Intento
alzar la cabeza y un dolor desorbitado me golpea el craneo. No recuerdo que hice anoche, creo que
salí, esta es la peor resaca que he tenido en mi vida. Fuerzo la memoria, bah me duele demasiado la
cabeza, después de un ibuprofeno quizás lo intente de nuevo. Intento llevarme las manos a los ojos
para frotármelos, sin éxito. ¿Que coño pasa? Ahora lo noto, las manos están atadas a la espalda...no
entiendo que sucede. Comienzo a hiperventilar, la angustia se está adueñando de mi, noto el sudor
frío recorriendo mi espalda, el invitado del miedo que nunca falla. Un momento, debo concentrarme
en lo que puedo ver, en mis sentidos, nunca fui empirista pero este es el momento más adecuado
para mi conversión.
Consigo ver, estoy sentado en una silla de metal, en lo que parece un especie de sótano. Intento forcejear para liberar mis manos pero noto la fricción con el plástico, parece que han usado unas presillas. Las paredes son de cemento, no hay nada en la sala a excepción de mi silla y un espejo colgado justo delante mía a unos 5 metros. Huele a rancio, a humedad y a muerte, no se como describirlo pero es un olor que nunca antes había percibido, o quizás si. No hay ni una sola ventana, la poca luz que hay sale de dos lamparitas de techo creando un ambiente bastante lúgubre por la situación, pero a la vez siendo agradable sino fuera porque estoy retenido contra mi voluntad. Hay una puerta de metal, también procuraré tenerla controlada.
Oh dios, otra vez ese dolor infernal, así no hay quien se concentre. En mi colegio me llamaban “El horchata”, nunca me ponía nervioso, la primera vez que nos tocó exponer en clase, todos mis compañeros estaban hechos un flan, se trababan y temblaban como si les fuera a dar un ataque de nervios, yo casi ni pestañeé. Fui elegido delegado por esa misma cualidad, podía hablar con los profesores sin que asomara en mi la duda o la desconfianza, nada era capaz de crear en mi una brecha de intranquilidad. Por culpa de esto, me tocaba a mi siempre pedir en los restaurantes, llamar por teléfono para cualquier asunto, aunque también me vino bien a la hora de ligar. Esta misma frialdad es la que me ha hecho parecer un psicópata alguna que otra vez. Y pensar que esta absurda situación casi me descompone. Seguro que es un estúpida broma de mis amigos, no puede ser otra cosa.
Vuelvo a examinar mi alrededor, en busca de alguna clave que se me haya pasado, compruebo que la silla está anclada al suelo, no puedo moverla. Además mis piernas también están atadas. Empiezo a aburrirme, si lo que quieren es oírme suplicar para después reírse de mi, la llevan clara. Bajo la cabeza y un olor a perfume de mujer me llega lejanamente desde el cuello de mi camisa lo que me transporta a un recuerdo de anoche.
Recuerdo que bailé con dos hermosas señoritas, oh si claro fui al Club Palace y ligue claramente. Estuve coqueteando con las dos toda la noche, ambas me seguían el juego, la jugada olía a fantasía clara. Las invité a unas copas y les dije de ir a mi casa, accedieron...creo. Esa parte de la historia se me vuelve borrosa, aunque obviamente nadie me dice que no. Lo que no entiendo es en que momento llego hasta aquí.
Un fogonazo me ciega durante unos segundas y zas, me ponen algo en la cabeza que me tapa la visión, puede ser una capucha negra, la cuestión es que ahora no veo nada. Decido utilizar el resto de mis sentidos, escucho pasos que van por toda la habitación, solo un par de pasos, es una persona. Escucho el tic-tac leve de un reloj de pulsera.
–Venga chicos, ¿vamos a jugar todo el día a esto? Os ha salido mal la broma, no tengo miedo. Tengo hambre, pedid unas pizzas.
No encuentro respuesta a mis palabras que chocan contra el atronador silencio.
Consigo ver, estoy sentado en una silla de metal, en lo que parece un especie de sótano. Intento forcejear para liberar mis manos pero noto la fricción con el plástico, parece que han usado unas presillas. Las paredes son de cemento, no hay nada en la sala a excepción de mi silla y un espejo colgado justo delante mía a unos 5 metros. Huele a rancio, a humedad y a muerte, no se como describirlo pero es un olor que nunca antes había percibido, o quizás si. No hay ni una sola ventana, la poca luz que hay sale de dos lamparitas de techo creando un ambiente bastante lúgubre por la situación, pero a la vez siendo agradable sino fuera porque estoy retenido contra mi voluntad. Hay una puerta de metal, también procuraré tenerla controlada.
Oh dios, otra vez ese dolor infernal, así no hay quien se concentre. En mi colegio me llamaban “El horchata”, nunca me ponía nervioso, la primera vez que nos tocó exponer en clase, todos mis compañeros estaban hechos un flan, se trababan y temblaban como si les fuera a dar un ataque de nervios, yo casi ni pestañeé. Fui elegido delegado por esa misma cualidad, podía hablar con los profesores sin que asomara en mi la duda o la desconfianza, nada era capaz de crear en mi una brecha de intranquilidad. Por culpa de esto, me tocaba a mi siempre pedir en los restaurantes, llamar por teléfono para cualquier asunto, aunque también me vino bien a la hora de ligar. Esta misma frialdad es la que me ha hecho parecer un psicópata alguna que otra vez. Y pensar que esta absurda situación casi me descompone. Seguro que es un estúpida broma de mis amigos, no puede ser otra cosa.
Vuelvo a examinar mi alrededor, en busca de alguna clave que se me haya pasado, compruebo que la silla está anclada al suelo, no puedo moverla. Además mis piernas también están atadas. Empiezo a aburrirme, si lo que quieren es oírme suplicar para después reírse de mi, la llevan clara. Bajo la cabeza y un olor a perfume de mujer me llega lejanamente desde el cuello de mi camisa lo que me transporta a un recuerdo de anoche.
Recuerdo que bailé con dos hermosas señoritas, oh si claro fui al Club Palace y ligue claramente. Estuve coqueteando con las dos toda la noche, ambas me seguían el juego, la jugada olía a fantasía clara. Las invité a unas copas y les dije de ir a mi casa, accedieron...creo. Esa parte de la historia se me vuelve borrosa, aunque obviamente nadie me dice que no. Lo que no entiendo es en que momento llego hasta aquí.
Un fogonazo me ciega durante unos segundas y zas, me ponen algo en la cabeza que me tapa la visión, puede ser una capucha negra, la cuestión es que ahora no veo nada. Decido utilizar el resto de mis sentidos, escucho pasos que van por toda la habitación, solo un par de pasos, es una persona. Escucho el tic-tac leve de un reloj de pulsera.
–Venga chicos, ¿vamos a jugar todo el día a esto? Os ha salido mal la broma, no tengo miedo. Tengo hambre, pedid unas pizzas.
No encuentro respuesta a mis palabras que chocan contra el atronador silencio.
–Al final, vais a conseguir que me mosquee, y ya sabeis que cuando eso sucede....
Antes de acabar la frase recibo un espantoso golpe en la cabeza, vuelve el negro.....
Joder...como me duele. Ya me han quitado la capucha aunque lo que ven mis ojos me hace desear volver a tener algo tapándolos. De la impresión vomito, o quizás del dolor de cabeza, aprieto fuerte los ojos y respiro profundamente. Solo espero que al volver abrirlos todo esto solo sea una broma macabra y que todo haya acabado. Mas mis deseos no se vuelven realidad, sigo estando aquí atado y mi pareja de conejos yacen decapitados delante mía. ¿Que clase de ser es capaz de hacer daño a unos animales indefensos?
Comienzo a comprender que esto no es un farol, nadie por una simple broma mataría a la mascota de nadie. Esos conejos llevaban conmigo 4 años y les había cogido cariño, quien quiera que sea pagará caro. Al menos este numerito me ha quitado el apetito. Me concentro para intentar relajarme, pero no lo consigo y reuniendo todas las fuerzas que me quedan lanzo un grito al vacío, a mi cárcel. Si hay alguien cerca lo escuchará.
Lo intento varias veces y mi estruendo no trae consecuencias. He perdido la noción del tiempo, no se cuantas horas puedo llevar aquí. Estoy seguro de que alguien me está observando, lo noto. Sabéis cual es esa sensación, ¿Verdad? Noto sus ojos clavados en mi y la rabia toma posesión de mi cuerpo:
-¡Eh tu, cabronazo! ¿Que quieres de mi? Sal aquí, desátame y lucha como un hombre. Voy a destrozarte, se que me estás escuchando, nadie me jode y queda impune. Acabaré averiguando quien eres.
Tras 10 minutos soltando improperios, un pitido desagradable por un altavoz me hizo callar, recordándome el dolor de cabeza maldito que me consumía. Esperaba que tras el pitido una voz distorsionada como la de las pelis me hablara, pero en lugar de eso solo recibí la pura ignorancia. Intenté gritar otra vez a ver si volvía a obtener una respuesta, aunque fuera ese impersonal pitido. Pero esta vez no funcionó, quien quiera que sea me deja ahogarme en mis propios gritos. Solo paro para dormir, por hoy le pongo fin a esta actuación.
Despierto. Ya no estoy en la silla, ni estoy atado, han quitado los conejos muertos y mi vómito, todo un detalle, apesta a lejía. Me siento desconcertado, están jugando conmigo, ahora me desata, ¿con que fin? Me estoy cansando de ser una pieza de su juego. No me atrevo a moverme del suelo, esta situación comienza a ser demasiado, nadie tendría que pasar por algo así. Mi cabeza me dice que me quede aquí tumbado eternamente, que me deje morir, pero el instinto de un animal en peligro es más fuerte, mi instinto de supervivencia me hace moverme y buscar la más mínima posibilidad de salir de esta habitación cochambrosa.
Sé que es absurdo, pero me levanto y corro hacia la puerta a comprobar que está cerrada, coloco la mano sobre el pomo y lo hago girar, pero cuando voy a empujar la puerta noto que algo la bloquea y ceso en mi intento. Corro hacia el espejo y trato de tirarlo al suelo pero esta anclado a la pared y no se mueve ni un ápice. La silla ha desaparecido y en su lugar me han dejado un sobre blanco. He debido estar tumbado sobre él y no me he dado cuenta. Rescato el sobre del suelo y lo abro, pero me quedo paralizado....¿De verdad quiero seguir participando? No, pero es la única manera de sobrevivir, es lo único que puedo hacer. Al abrir me encuentro una nota escrita en sangre, es muy concisa:
Vas a morir. No hay nada que puedas hacer. Espera instrucciones y si eres bueno, quizás no te duela.
En un principio al leerlo, la nota cae de mis manos y seguidamente, hinco la rodilla en el suelo. Intento dominarme pero ya es imposible, apelo a la compasión que pueda tener el monstruo que está al otro lado de la puerta sollozando como un crío:
Antes de acabar la frase recibo un espantoso golpe en la cabeza, vuelve el negro.....
Joder...como me duele. Ya me han quitado la capucha aunque lo que ven mis ojos me hace desear volver a tener algo tapándolos. De la impresión vomito, o quizás del dolor de cabeza, aprieto fuerte los ojos y respiro profundamente. Solo espero que al volver abrirlos todo esto solo sea una broma macabra y que todo haya acabado. Mas mis deseos no se vuelven realidad, sigo estando aquí atado y mi pareja de conejos yacen decapitados delante mía. ¿Que clase de ser es capaz de hacer daño a unos animales indefensos?
Comienzo a comprender que esto no es un farol, nadie por una simple broma mataría a la mascota de nadie. Esos conejos llevaban conmigo 4 años y les había cogido cariño, quien quiera que sea pagará caro. Al menos este numerito me ha quitado el apetito. Me concentro para intentar relajarme, pero no lo consigo y reuniendo todas las fuerzas que me quedan lanzo un grito al vacío, a mi cárcel. Si hay alguien cerca lo escuchará.
Lo intento varias veces y mi estruendo no trae consecuencias. He perdido la noción del tiempo, no se cuantas horas puedo llevar aquí. Estoy seguro de que alguien me está observando, lo noto. Sabéis cual es esa sensación, ¿Verdad? Noto sus ojos clavados en mi y la rabia toma posesión de mi cuerpo:
-¡Eh tu, cabronazo! ¿Que quieres de mi? Sal aquí, desátame y lucha como un hombre. Voy a destrozarte, se que me estás escuchando, nadie me jode y queda impune. Acabaré averiguando quien eres.
Tras 10 minutos soltando improperios, un pitido desagradable por un altavoz me hizo callar, recordándome el dolor de cabeza maldito que me consumía. Esperaba que tras el pitido una voz distorsionada como la de las pelis me hablara, pero en lugar de eso solo recibí la pura ignorancia. Intenté gritar otra vez a ver si volvía a obtener una respuesta, aunque fuera ese impersonal pitido. Pero esta vez no funcionó, quien quiera que sea me deja ahogarme en mis propios gritos. Solo paro para dormir, por hoy le pongo fin a esta actuación.
Despierto. Ya no estoy en la silla, ni estoy atado, han quitado los conejos muertos y mi vómito, todo un detalle, apesta a lejía. Me siento desconcertado, están jugando conmigo, ahora me desata, ¿con que fin? Me estoy cansando de ser una pieza de su juego. No me atrevo a moverme del suelo, esta situación comienza a ser demasiado, nadie tendría que pasar por algo así. Mi cabeza me dice que me quede aquí tumbado eternamente, que me deje morir, pero el instinto de un animal en peligro es más fuerte, mi instinto de supervivencia me hace moverme y buscar la más mínima posibilidad de salir de esta habitación cochambrosa.
Sé que es absurdo, pero me levanto y corro hacia la puerta a comprobar que está cerrada, coloco la mano sobre el pomo y lo hago girar, pero cuando voy a empujar la puerta noto que algo la bloquea y ceso en mi intento. Corro hacia el espejo y trato de tirarlo al suelo pero esta anclado a la pared y no se mueve ni un ápice. La silla ha desaparecido y en su lugar me han dejado un sobre blanco. He debido estar tumbado sobre él y no me he dado cuenta. Rescato el sobre del suelo y lo abro, pero me quedo paralizado....¿De verdad quiero seguir participando? No, pero es la única manera de sobrevivir, es lo único que puedo hacer. Al abrir me encuentro una nota escrita en sangre, es muy concisa:
Vas a morir. No hay nada que puedas hacer. Espera instrucciones y si eres bueno, quizás no te duela.
En un principio al leerlo, la nota cae de mis manos y seguidamente, hinco la rodilla en el suelo. Intento dominarme pero ya es imposible, apelo a la compasión que pueda tener el monstruo que está al otro lado de la puerta sollozando como un crío:
–Por favor, se que no he sido un ciudadano modelo, pero tampoco merezco la muerte. Dime
al menos que he hecho para merecer tal castigo. Imploro tu perdón, haré lo que haga falta, por favor
suéltame, no se quien eres, ni donde estoy. No sé nada. No tienes porque hacer esto. Te daré dinero,
te daré lo que me pidas.
Las lágrimas invaden mi discurso sin que pueda hacer nada. En el fondo sabía que esto podía pasar. Lo he leído en muchos relatos, lo he visto en muchas series de TV y películas. Pero jamás pensé que esto tuviera cavidad fuera de la fantasía, de la ficción. Ahora mismo solo soy una marioneta, ni si quiera una marioneta, ojalá fuera una marioneta. ¿Que por que? Estas no piensan, no tienen que preocuparse por nada y sin embargo yo estoy aquí preocupado por algo que se que no puedo cambiar. Soy puro derrotismo, quien me lo iba a decir....
Sin previo aviso el espejo rota a la derecha mostrando una abertura y dos objetos caen al suelo. Me acerco con cuidado, es una caja y otro maldito sobre. ¿Porque no habla conmigo? Saber que voy a morir y que no habrá nadie a mi lado, nadie que lo sepa, nadie que me eche en falta.... ¿que he hecho mal? Si pudiera vivir otra vez, viviría de otra manera...... ¿A quien pretendo engañar? Sería igual de imbécil. Abro el sobre y leo:
Hay cosas que son peores que la muerte, tu decides hasta donde llega tu límite. Pronto comenzará el espectáculo.
Abro la caja, hay una pistola, compruebo la recamara, hay una bala, solo una. Creo que hasta este preciso momento no he sido plenamente consciente de que voy a morir aquí. Al menos ha tenido el detalle de dejarme elegir cuando muero, esto dura hasta que yo quiera. Pero lo cierto es que no quiero morir, no quiero suicidarme. Y no es por ningún rollo religioso que me diga que iré al infierno si lo hago, el infierno sé que me lo tengo ganado desde hace tiempo, no, no quiero apretar ese gatillo porque aún me quedan cosas por hacer, sueños por cumplir.
Se vuelve a mover el espejo y esta vez cae una botella de agua seguida de un regimiento de arañas, las hay de todo tipo grandes, pequeñas, de colores.....no se como se ha enterado de mi pánico a las arañas. Pero no pienso darle el gusto, siempre quise superar mi miedo, si me quiere muerto tendrá que venir en persona y enviarme al otro barrio. En mi afán de querer superar mi miedo investigué mucho sobre estos bichos y por ello se diferenciar las venenosas de las que no. Me abro paso a base de pisotones, primero a por las venenosas, luego iré a por mi premio: esa botella de agua. Noto como me suben por las piernas, se han colado por mis pantalones tengo ganas de llorar joder, que sensación más desagradable, puedo sentir cada una de sus patitas trepando. Al fin cojo la botella y corro hacia el otro extremo de la sala, me quito la camisa y los pantalones, tengo el cuerpo lleno de ronchas pero por la adrenalina no puedo sentir el dolor. Abro la botella y dios, no es agua, es vodka. Me va a permitir un trago antes de morir, que considerado.
Las arañas ya están por toda la habitación he censado en mi intento de matarlas a todas, debo reservar las fuerzas para una causa mayor. Han pasado horas desde que se comunicara conmigo, ¿pero cuantas? Cuanto tiempo llevo aquí encerrado o cuanto tiempo me queda son incógnitas. Solo puedo hablar conmigo mismo, en estos momentos me gustaría ser creyente, rezar y hablar con Dios, dicen que escucha a cualquiera. Pero no puedo, deseche la fe hace demasiado tiempo. En las últimas horas la idea de taladrarme la sien con una bala 9mm no me ha parecido tan mala. Estoy tumbado apestando a vodka, borracho, con decenas de arañas recorriendo mi cuerpo, no puedo ir a mejor, esto solo cabe que vaya a peor. Cualquier resquicio de esperanza ha sido eliminado de mi mente, cojo la pistola la monto y voy a apretar el gatillo.
¡Boom! Madre mía como me pita el oído, ¿por que no estoy muerto? Compruebo el casquillo, era una bala de fogueo. Lo único que me quedaba que era la decisión me ha sido arrebatada, no cuento ya como persona, me ha quitado lo último que me quedaba. Ha ganado el juego. Una vez que has sido consumido por la rabia, por la pena y por el dolor ya solo queda la indiferencia. Así me
Las lágrimas invaden mi discurso sin que pueda hacer nada. En el fondo sabía que esto podía pasar. Lo he leído en muchos relatos, lo he visto en muchas series de TV y películas. Pero jamás pensé que esto tuviera cavidad fuera de la fantasía, de la ficción. Ahora mismo solo soy una marioneta, ni si quiera una marioneta, ojalá fuera una marioneta. ¿Que por que? Estas no piensan, no tienen que preocuparse por nada y sin embargo yo estoy aquí preocupado por algo que se que no puedo cambiar. Soy puro derrotismo, quien me lo iba a decir....
Sin previo aviso el espejo rota a la derecha mostrando una abertura y dos objetos caen al suelo. Me acerco con cuidado, es una caja y otro maldito sobre. ¿Porque no habla conmigo? Saber que voy a morir y que no habrá nadie a mi lado, nadie que lo sepa, nadie que me eche en falta.... ¿que he hecho mal? Si pudiera vivir otra vez, viviría de otra manera...... ¿A quien pretendo engañar? Sería igual de imbécil. Abro el sobre y leo:
Hay cosas que son peores que la muerte, tu decides hasta donde llega tu límite. Pronto comenzará el espectáculo.
Abro la caja, hay una pistola, compruebo la recamara, hay una bala, solo una. Creo que hasta este preciso momento no he sido plenamente consciente de que voy a morir aquí. Al menos ha tenido el detalle de dejarme elegir cuando muero, esto dura hasta que yo quiera. Pero lo cierto es que no quiero morir, no quiero suicidarme. Y no es por ningún rollo religioso que me diga que iré al infierno si lo hago, el infierno sé que me lo tengo ganado desde hace tiempo, no, no quiero apretar ese gatillo porque aún me quedan cosas por hacer, sueños por cumplir.
Se vuelve a mover el espejo y esta vez cae una botella de agua seguida de un regimiento de arañas, las hay de todo tipo grandes, pequeñas, de colores.....no se como se ha enterado de mi pánico a las arañas. Pero no pienso darle el gusto, siempre quise superar mi miedo, si me quiere muerto tendrá que venir en persona y enviarme al otro barrio. En mi afán de querer superar mi miedo investigué mucho sobre estos bichos y por ello se diferenciar las venenosas de las que no. Me abro paso a base de pisotones, primero a por las venenosas, luego iré a por mi premio: esa botella de agua. Noto como me suben por las piernas, se han colado por mis pantalones tengo ganas de llorar joder, que sensación más desagradable, puedo sentir cada una de sus patitas trepando. Al fin cojo la botella y corro hacia el otro extremo de la sala, me quito la camisa y los pantalones, tengo el cuerpo lleno de ronchas pero por la adrenalina no puedo sentir el dolor. Abro la botella y dios, no es agua, es vodka. Me va a permitir un trago antes de morir, que considerado.
Las arañas ya están por toda la habitación he censado en mi intento de matarlas a todas, debo reservar las fuerzas para una causa mayor. Han pasado horas desde que se comunicara conmigo, ¿pero cuantas? Cuanto tiempo llevo aquí encerrado o cuanto tiempo me queda son incógnitas. Solo puedo hablar conmigo mismo, en estos momentos me gustaría ser creyente, rezar y hablar con Dios, dicen que escucha a cualquiera. Pero no puedo, deseche la fe hace demasiado tiempo. En las últimas horas la idea de taladrarme la sien con una bala 9mm no me ha parecido tan mala. Estoy tumbado apestando a vodka, borracho, con decenas de arañas recorriendo mi cuerpo, no puedo ir a mejor, esto solo cabe que vaya a peor. Cualquier resquicio de esperanza ha sido eliminado de mi mente, cojo la pistola la monto y voy a apretar el gatillo.
¡Boom! Madre mía como me pita el oído, ¿por que no estoy muerto? Compruebo el casquillo, era una bala de fogueo. Lo único que me quedaba que era la decisión me ha sido arrebatada, no cuento ya como persona, me ha quitado lo último que me quedaba. Ha ganado el juego. Una vez que has sido consumido por la rabia, por la pena y por el dolor ya solo queda la indiferencia. Así me
siento como un ser que sobra incluso en su propia celda de tortura, en su propio cuerpo, en sus
propias decisiones. Y solo me queda una manera de reafirmarme y conservar un mínimo de libertad
o de dignidad, aún puedo ganar yo el juego.
Cojo la pistola y me lanzo enfurecido contra el espejo, lo rompo a base de culatazos del arma, los cristales caen al suelo, solo queda la estructura de metal. Cojo los cristales y me los meto en la boca, no dejaré que ninguna otra cosa me sorprenda, no soportaría ya ni si quiera mi liberación, nada entra ya en mi horizonte de expectativas más que la muerte, y mientras mastico los cristales digo adiós a la vida, mi vida, esta si es mi decisión. Ya no le tengo miedo a la muerte, yo soy la muerte.
FIN
Cojo la pistola y me lanzo enfurecido contra el espejo, lo rompo a base de culatazos del arma, los cristales caen al suelo, solo queda la estructura de metal. Cojo los cristales y me los meto en la boca, no dejaré que ninguna otra cosa me sorprenda, no soportaría ya ni si quiera mi liberación, nada entra ya en mi horizonte de expectativas más que la muerte, y mientras mastico los cristales digo adiós a la vida, mi vida, esta si es mi decisión. Ya no le tengo miedo a la muerte, yo soy la muerte.
FIN
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