martes, 18 de noviembre de 2014

Acelerados y Saturados

¿Cuantas veces a lo largo de hoy te has parado a pensar, a hablar contigo mismo? Probablemente la respuesta sea cero, es algo normal pero debería ser preocupante, vivimos tan deprisa que no tenemos tiempo ni para pensar y eso tarde o temprano pasará factura, siempre vamos corriendo de un lado a otro con prisa y cuando tenemos tiempo de relajarnos lo dedicamos a las nuevas tecnologías, véase TV, ordenador, Ipad, videojuegos y un sin fin de cosas que nos quitan el tiempo y con ello la vida sin aportarnos más que algo de ocio barato (o caro ya según lo que usemos), el ser humano esta retrocediendo hacia la tecnología, si retrocediendo porque estamos involucionando, (no se me malinterprete, yo también utilizo ordenadores, y veo la televisión, etc pero no simplifiquemos, todos sabemos a lo que me refiero y el que no que me pregunte), nos estamos distanciando de nosotros mismos, vivimos en una época donde el “yo” está saturado, no es un yo interior sino completamente exterior y banal, ya no respetamos ni nuestra propia intimidad gran culpa de esto lo tienen las redes sociales y los móviles con cámaras, narramos cada acción del día, cada pensamiento estúpido o no, lo que nos gusta y lo que no, hemos exteriorizado tanto el yo que ya no nos interesa....
Antes tenía aliciente quedar con alguien para conocerle, ver sus gustos inquietudes, etc pero ahora todo eso está en internet ya carece de atracción y esto provoca una aceleración a la hora de las relaciones (amistosas inclusive, tan pronto adoramos a alguien por creerlo conocer como nos la clava sin que podamos verlo), porque es lo que tiene internet que uno puede escribir, y decir lo que quiera, pero nada garantiza que lo que se diga sea solo la verdad.
Pero sin duda el remate épico de este yo saturado son las fotos, tomamos fotos de todos los momentos porque queremos almacenarlos (yo la primera que lo hace) pero hay veces que nos pasamos, como decía Aristóteles en el término medio está la virtud, a todos se nos vendrá a la mente escenas en un restaurante donde el comensal está más pendiente de hacer una buena foto para que el mundo vea lo bien que come que en disfrutar del plato en si, estamos siempre más pendientes de matar el momento inmortalizándolo que de vivirlo, la foto apoya al recuerdo, pero si no disfrutamos los momentos no hay recuerdos agradables y de nada servirá entonces la dichosa foto, hay que dejar las competiciones absurdas cuanto más intenta mostrar alguien lo bien que lo está pasando con fotos más reitera el aburrimiento que está sufriendo y la falta de interés. No cambiéis nunca el placer de un momento, por un recuerdo objetivo y superficial.

 Cada vez somos menos impresionables, tenemos menos inquietudes, por culpa de la ciencia, donde la tecnología avanza rápidamente y lo que ayer nos sorprendía, hoy esta anticuado, toda esta aceleración mata al sujeto, la persona, tiene miedo de interiorizar de hablar consigo misma, puesto que cree tener todo lo que necesita fuera, sin darse cuenta de que con lo que tiene le basta, no hay mejor tecnología que la mente propia ni mejor cámara que tu propia retina.

lunes, 3 de noviembre de 2014

El hogar son las personas no los lugares

El hogar son las personas, no los sitios. Esto lo he ido aprendiendo con el tiempo y supongo que aún me queda mucho más por aprender. Solemos llamar hogar a ese edificio que tiene unos cimientos, unas habitaciones, ese lugar donde dormimos y hacemos parte de nuestra vida. Es un sitio que nos aporta seguridad, tranquilidad, comodidad, nos da un respaldo incluso, pero.... bien mirado un edificio no puede tener dichas características, la seguridad, la tranquilidad, etc nos la dan las personas que están con nosotros, ya sea compartiendo casa, habitación, un banco, etc. Nuestro hogar puede ser incluso un “simple” libro(lo entrecomillo porque ningún libro es simple). Es algo que te aporta una estabilidad emocional o una inestabilidad necesaria. Tenemos que aprender a des-limitar este concepto, la RAE ese diccionario por el que nos regimos los españoles para el significado de las cosas da una definición tan pobre como esta: “Casa o domicilio” o “Sitio donde se hace la lumbre en las cocinas, chimeneas, hornos de fundición,etc”. Aprendamos a abrir la mente. No importa lo que te alejes de tu casa pues no es más que un ente físico, importa la gente, las personas de las que te rodeas. ¿Que prefieres tener una gran casa o tener un gran hogar? Hay quien se parará a pensarlo incluso, ¿Para que quiero un palacio vacío, lleno de personas que me hacen sentir solo?.Que equivocados algunos que piensan que tienen el mejor hogar, por tener un sitio donde habitar, cuando sus vidas están más cercanas al infierno que otra cosa. Es cierto que en esta vida se busca el bienestar y la comodidad, cierto que es más fácil encontrarlo con dinero, pero deja al lado por un momento esos prejuicios, esos ahogos económicos y piensa en tu persona como algo más allá de lo físico. Deja esa falsa necesidad creada por la sociedad y tu cultura, esa falsa creencia de tanto tienes tanto vales, porque esa afirmación solo será correcta cuando lo que cuente no sea lo monetario, cuando lo que cuente sea tu felicidad, sea tu hogar, tu hogar verdadero. La experiencia me ha enseñado que da igual el tiempo que estés fuera de tu domicilio, lo único que importa en esta vida es tener personas por las que merezca la pena seguir existiendo. Porque al fin y al cabo solos en este mundo no somos nadie, todos necesitamos personas en las que creer y que crean en nosotros, ya nos unan lazos de sangre, de amor, de amistad o de lo que se os ocurra. Gracias a “mis hogares” por que conseguís que me sienta siempre en casa.