Cada mañana nos
lanzamos al abismo a cambio de vivir un día más, porque sabemos que
no existe vida sin experiencia, lo tenemos mecanizado, lo hacemos
cotidianamente. No hay ya reflexión sobre el vivir, no al menos de
manera consciente, aunque aún quedan retales. Todos pasamos por
momentos de crisis o de dificultades, algunos quedan inmersos en
ellos, no son capaces de salir porque no ven el clavo al que
aferrarse, sin embargo hay otras personas que lo afrontan de un modo
más filosófico (aunque no lo sepan) y se aferran al propio vivir,
estos son Nietzscheanos de pura cepa y utilizan la famosa frase del
alemán: Lo que no me mata me hace más fuerte.
Esto es un homenaje a todos los que se levantan y están dispuestos
(o mejor aún ex-puestos) a vivir y creo que se merecen conocer lo
que acarrea esta frase en términos filosóficos para que cuando la
utilicen sientan la frase con todas sus implicaciones.
En esta famosa
expresión, Friedrich Nietzsche, convierte la angustia en necesidad,
en fuerza para exaltar la existencia, este mismo decía que había
que vivir junto al volcán para apreciar más la vida y en eso
engarza muy bien con la frase que aquí venimos a comentar. Todos en
mayor o menor medida, hemos tenido problemas que derivan en cierto
grado de angustia y es algo que tenemos que asumir, y que es
necesaria para reafirmar la vida.
Hay quien pensará
que esta postura es un tanto pesimista pero ¡todo lo contrario! La
vida tiene ese cariz indeterminado, y cuando mejor nos damos cuenta
es en los momentos trágicos, en los momentos duros, cuando irrumpen
en nuestra existencia acontecimientos imprevistos. Ahí descubrimos
la incertidumbre a la que nos vemos sometidos cada día sin darnos
cuenta, porque en la vida cabe todo, lo único seguro es nuestra
mortalidad, (sin muerte no habría vida), lo demás es puro azar y de
aquí que nos acoja esa angustia y eso es la vida, si no existiéramos
no podríamos vivir esto, pero ni esto ni nada. Hay que amarla tanto
en lo bueno como en lo malo, pero sobre todo en lo malo de ahí esta
frase de lo que no me mata me hace más fuerte, adoptar una cierta
actitud de apertura en la que no hay plan y estamos a expensas de lo
que ocurra, porque la mayor fortaleza que tenemos es el mismo hecho
de vivir. Puedes perder tu empleo, tu casa, tu familia, tus amigos,
tu dinero....y aún en ese momento de angustia total y des-posesión
estarías vivo, existiendo y siendo más consciente que nunca de
esto, que es lo único que tenemos realmente y que es lo único
imprescindible para estar en el mundo, el desarraigo nos enseña lo
absoluto de la vida, lo imprescindible. Esto suena muy duro, pero a
veces hay que planteárselo para no perder el horizonte, no dejemos
que la comodidad y los detalles insignificantes (insignificantes para
la vida, puesto que a esta le da lo mismo tu género, tus
propiedades, tus miedos, etc) oculten el mismo vivir, ¡Ojo! No hay
que ser alarmistas y hay que entender esto no como algo que tenga que
ocurrir inexorablemente para darnos cuenta, podemos darnos cuenta sin
la necesidad de perder nada, solo se trata de que en la angustia es
más fácilmente reconocible.
La
cualidad de existir no se parece a nada, la vida es a-peiron. Porque
lo importante no es lo que venga, sino el mero hecho de que venga,
vida sin más, hacerse uno con la vida viviendo. No hay nada
imposible, solo hay hechos fuera de nuestro horizonte, por eso estas
experiencias “imposibles” son más enriquecedoras porque nos
acercan al puro vivir. Vive sin esperar nada concreto, pero esperando
cualquier cosa.
Y
esto nos acerca irremediablemente a las palabras de Nabokov en Habla,
memoria
donde dice que
nuestra existencia no es más que una breve rendija de luz entre dos
eternidades de tinieblas,
acercándonos a esa angustia de nuevo y a nuestra mortalidad.
Independientemente de lo que tengas o no, simplemente eres y de ahí
que sea normal la angustia y necesaria. Nietzsche sabe como rescatar
esta dimensión para no olvidarla con un tinte muy elegante y
vigorizante. La próxima vez que tengas un problema aférrate a tu
propia existencia y utiliza consecuentemente la frase que nos legó
Nietzsche, porque acabas de ver una deducción metafísica de la misma.