sábado, 18 de abril de 2015

Lo que no me mata me hace más fuerte

Cada mañana nos lanzamos al abismo a cambio de vivir un día más, porque sabemos que no existe vida sin experiencia, lo tenemos mecanizado, lo hacemos cotidianamente. No hay ya reflexión sobre el vivir, no al menos de manera consciente, aunque aún quedan retales. Todos pasamos por momentos de crisis o de dificultades, algunos quedan inmersos en ellos, no son capaces de salir porque no ven el clavo al que aferrarse, sin embargo hay otras personas que lo afrontan de un modo más filosófico (aunque no lo sepan) y se aferran al propio vivir, estos son Nietzscheanos de pura cepa y utilizan la famosa frase del alemán: Lo que no me mata me hace más fuerte. Esto es un homenaje a todos los que se levantan y están dispuestos (o mejor aún ex-puestos) a vivir y creo que se merecen conocer lo que acarrea esta frase en términos filosóficos para que cuando la utilicen sientan la frase con todas sus implicaciones.
En esta famosa expresión, Friedrich Nietzsche, convierte la angustia en necesidad, en fuerza para exaltar la existencia, este mismo decía que había que vivir junto al volcán para apreciar más la vida y en eso engarza muy bien con la frase que aquí venimos a comentar. Todos en mayor o menor medida, hemos tenido problemas que derivan en cierto grado de angustia y es algo que tenemos que asumir, y que es necesaria para reafirmar la vida.
Hay quien pensará que esta postura es un tanto pesimista pero ¡todo lo contrario! La vida tiene ese cariz indeterminado, y cuando mejor nos damos cuenta es en los momentos trágicos, en los momentos duros, cuando irrumpen en nuestra existencia acontecimientos imprevistos. Ahí descubrimos la incertidumbre a la que nos vemos sometidos cada día sin darnos cuenta, porque en la vida cabe todo, lo único seguro es nuestra mortalidad, (sin muerte no habría vida), lo demás es puro azar y de aquí que nos acoja esa angustia y eso es la vida, si no existiéramos no podríamos vivir esto, pero ni esto ni nada. Hay que amarla tanto en lo bueno como en lo malo, pero sobre todo en lo malo de ahí esta frase de lo que no me mata me hace más fuerte, adoptar una cierta actitud de apertura en la que no hay plan y estamos a expensas de lo que ocurra, porque la mayor fortaleza que tenemos es el mismo hecho de vivir. Puedes perder tu empleo, tu casa, tu familia, tus amigos, tu dinero....y aún en ese momento de angustia total y des-posesión estarías vivo, existiendo y siendo más consciente que nunca de esto, que es lo único que tenemos realmente y que es lo único imprescindible para estar en el mundo, el desarraigo nos enseña lo absoluto de la vida, lo imprescindible. Esto suena muy duro, pero a veces hay que planteárselo para no perder el horizonte, no dejemos que la comodidad y los detalles insignificantes (insignificantes para la vida, puesto que a esta le da lo mismo tu género, tus propiedades, tus miedos, etc) oculten el mismo vivir, ¡Ojo! No hay que ser alarmistas y hay que entender esto no como algo que tenga que ocurrir inexorablemente para darnos cuenta, podemos darnos cuenta sin la necesidad de perder nada, solo se trata de que en la angustia es más fácilmente reconocible.
La cualidad de existir no se parece a nada, la vida es a-peiron. Porque lo importante no es lo que venga, sino el mero hecho de que venga, vida sin más, hacerse uno con la vida viviendo. No hay nada imposible, solo hay hechos fuera de nuestro horizonte, por eso estas experiencias “imposibles” son más enriquecedoras porque nos acercan al puro vivir. Vive sin esperar nada concreto, pero esperando cualquier cosa.

Y esto nos acerca irremediablemente a las palabras de Nabokov en Habla, memoria donde dice que nuestra existencia no es más que una breve rendija de luz entre dos eternidades de tinieblas, acercándonos a esa angustia de nuevo y a nuestra mortalidad. Independientemente de lo que tengas o no, simplemente eres y de ahí que sea normal la angustia y necesaria. Nietzsche sabe como rescatar esta dimensión para no olvidarla con un tinte muy elegante y vigorizante. La próxima vez que tengas un problema aférrate a tu propia existencia y utiliza consecuentemente la frase que nos legó Nietzsche, porque acabas de ver una deducción metafísica de la misma.