¿Cuantas
veces a lo largo de hoy te has parado a pensar, a hablar contigo
mismo? Probablemente la respuesta sea cero, es algo normal pero
debería ser preocupante, vivimos tan deprisa que no tenemos tiempo
ni para pensar y eso tarde o temprano pasará factura, siempre vamos
corriendo de un lado a otro con prisa y cuando tenemos tiempo de
relajarnos lo dedicamos a las nuevas tecnologías, véase TV,
ordenador, Ipad, videojuegos y un sin fin de cosas que nos quitan el
tiempo y con ello la vida sin aportarnos más que algo de ocio barato
(o caro ya según lo que usemos), el ser humano esta retrocediendo
hacia la tecnología, si retrocediendo porque estamos involucionando,
(no se me malinterprete, yo también utilizo ordenadores, y veo la
televisión, etc pero no simplifiquemos, todos sabemos a lo que me
refiero y el que no que me pregunte), nos estamos distanciando de
nosotros mismos, vivimos en una época donde el “yo” está
saturado, no es un yo interior sino completamente exterior y banal,
ya no respetamos ni nuestra propia intimidad gran culpa de esto lo
tienen las redes sociales y los móviles con cámaras, narramos cada
acción del día, cada pensamiento estúpido o no, lo que nos gusta y
lo que no, hemos exteriorizado tanto el yo que ya no nos interesa....
Antes
tenía aliciente quedar con alguien para conocerle, ver sus gustos
inquietudes, etc pero ahora todo eso está en internet ya carece de
atracción y esto provoca una aceleración a la hora de las
relaciones (amistosas inclusive, tan pronto adoramos a alguien por
creerlo conocer como nos la clava sin que podamos verlo), porque es
lo que tiene internet que uno puede escribir, y decir lo que quiera,
pero nada garantiza que lo que se diga sea solo la verdad.
Pero
sin duda el remate épico de este yo saturado son las fotos, tomamos
fotos de todos los momentos porque queremos almacenarlos (yo la
primera que lo hace) pero hay veces que nos pasamos, como decía
Aristóteles en el término medio está la virtud, a todos se nos
vendrá a la mente escenas en un restaurante donde el comensal está
más pendiente de hacer una buena foto para que el mundo vea lo bien
que come que en disfrutar del plato en si, estamos siempre más
pendientes de matar el momento inmortalizándolo que de vivirlo, la
foto apoya al recuerdo, pero si no disfrutamos los momentos no hay
recuerdos agradables y de nada servirá entonces la dichosa foto, hay
que dejar las competiciones absurdas cuanto más intenta mostrar
alguien lo bien que lo está pasando con fotos más reitera el
aburrimiento que está sufriendo y la falta de interés. No cambiéis
nunca el placer de un momento, por un recuerdo objetivo y
superficial.
Cada vez somos menos impresionables, tenemos menos inquietudes, por
culpa de la ciencia, donde la tecnología avanza rápidamente y lo
que ayer nos sorprendía, hoy esta anticuado, toda esta aceleración
mata al sujeto, la persona, tiene miedo de interiorizar de hablar
consigo misma, puesto que cree tener todo lo que necesita fuera, sin
darse cuenta de que con lo que tiene le basta, no hay mejor
tecnología que la mente propia ni mejor cámara que tu propia
retina.
Ni mejor compañía que la de una conversación con uno mismo ;)
ResponderEliminarEs una lástima que seamos conscientes de todas estas cosas y aún así las permitamos...
Enhorabuena por tu blog jaja acepto tu invitación y me pasaré por aquí de vez en cuando.